“Salto del Tequendama: Paseo favorito de los bogotanos”

800px-Salto_del_tequendama_by_FranciscoA._ZeaBDe esta manera calificó el periodista Juan Francisco Ortiz, de finales del siglo XIX, a la famosa caída de agua que aún subsiste a unos 5 kilómetros al suroeste de la capital. Y no era para menos, pues desde la época virreinal, la idea de aproximarse, escuchar y observar este poderoso torrente atrajo a muchos. Según describió el pintor costumbrista José María Groot, el virrey Ezpeleta, amigo de jolgorios y rumbas, fue uno de los que sucumbió a las referencias de los santafereños y organizó un gran paseo cuya logística incluyó: avanzada al “pueblo de Soacha” para preparar hospedaje y la enramada donde tuvo lugar una cena digna de “las bodas de Camacho”; reposteros, cocineros y por supuesto los músicos de la corona. Muchos años después, con menos bullicio pero con la misma fascinación por allí pasaron otras “celebridades”: el Barón Humboldt (1801), Simón Bolívar (1826), Pedro Bonaparte (1832).

El año pasado nos enteramos a través de los medios que la vieja casona construida en 1923, sobre el terreno desde donde se puede observar de frente la caída, abrió sus puertas como museo gracias a las gestiones de la Universidad Nacional y la Fundación Porvenir. Esta última trabaja por la recuperación del patrimonio ambiental, cultural e histórico de la región del Salto de Tequendama. Labor importantísima pues el salto lo forma el río Funza o Bogotá altamente contaminado que deja en los comentarios de los turistas sugerencias y quejas debido al daño ecológico.

En seguida, la imagen que nos dejó el sabio Caldas del Salto añorado (1):”El Bogotá, después de haber recorrido con paso lento y perezoso la espaciosa llanura de su nombre, vuelve de repente su curso hacia el O, y comienza a atravesar por entre un cordón de montañas que están al S.E. de Santafé. Aquí, dejando esa lentitud melancólica, acelera su paso (…). Rodando sobre un plano inclinado, aumenta por momentos su velocidad (…). En la orilla del precipicio todo el Bogotá se lanza en masa sobre un banco de piedra; aquí se estrella; allí da golpes horrorosos; más allá forma hervores, borbollones y se arroja en forma de plumas divergentes, más blancas que la nieve, en el abismo que lo espera” (1).

Elizabeth Saravia Ríos
1. Citado por Juan Francisco Ortiz en el artículo titulado El Salto del Tequendama. En Museo de Cuadros y Costumbres. Tomo II. Banco Popular: Bogotá:1973.
Foto tomada en febrero del 2007 por Francisco A. Zea.