El Agua de Bogotá

2013 Año Internacional del Agua

Diapositiva1Las Naciones Unidas proclamaron este 2013 como el “Año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua” y aunque los conquistadores no intuían estas proclamas, si aplaudieron la abundancia de fuentes que encontraron en  las tierras de Bogotá, siendo esta una de las razones para fundar ciudad. Ríos y quebradas fueron  rebautizados con nombres del santoral como el río San Cristóbal, el Arzobispo, el San Agustín y el San Francisco. Este último fue llamado Viracachá por los muiscas, quienes desde su sintonía con la naturaleza lo concibieron como espacio de vida para ser preservado. La muy opuesta mentalidad colonizadora trazó la historia de su disminución, así como la de los otros ríos que alguna vez enriquecieron estas tierras.

 En los primeros años de la ciudad, las aguas puras del San Francisco eran transportadas en cántaros  por los indígenas conquistados, hasta las casas de los españoles. Tarea que se fue volviendo cada vez más penosa por cuenta de la contaminación de los lavaderos de ropa  que llevó a los nativos  a remontarse en busca de aguas más limpias. Posteriormente sobre sus rondas fueron construidos molinos para  aprovechar la fuerza y abundancia de su caudal y,  cuando el San Agustín fue insuficiente para alimentar la pila del “Mono” ubicada en la Plaza Mayor, sus aguas fueran conducidas hasta allí por el rudimentario acueducto de Agua Nueva que se mantuvo hasta finales del siglo XIX. Sin embargo, paralelamente prevaleció la idea de alcantarilla pues en él eran arrojadas basuras y aguas negras.
Su cauce, al fin disminuido y contaminado, se convirtió en problema de salubridad y, a principios del siglo XX se inició su canalización junto con la construcción de la Avenida Jiménez. A principios de este siglo, Rogelio Salmona dirigió las obras de recuperación de esta Avenida que hoy se conoce como Eje Ambiental. Entonces resurge el agua como espejo del pasado, como indicio de lo que perdimos.


Elizabeth Saravia Ríos.
Foto: Pila de agua, al frente de la Quinta de Bolívar. Enrique Saravia.