Útiles de antes: Cartilla, lápiz y cuaderno

Diapositiva1 (1)Los traperos, el jabón líquido, las usb y las resmas de papel que por estos días aparecen en las listas de útiles escolares y aquejan a los padres de familia, nunca hicieron parte de los requerimientos de las instituciones educativas en la primera mitad del siglo pasado. A principios del siglo XX y para los niveles básicos bastaban el ábaco, una pizarra y una mina de gis que con el transcurrir de las décadas se transformaron en lápiz y cuaderno. A estos se les fueron sumando cajas de colores, goma, plastilinas, tijeras de punta roma y otros implementos que aderezaron las “primeras letras” de los escolares de la época.

En cuanto a los textos, el colonial catecismo del Padre Astete no faltó y, la cartilla de Baquero dio sus lecciones a los jóvenes aprendices antes de 1889.  Luego, en 1917 apareció la Cartilla Charry, la de mayor difusión en las escuelas del país.Y la Alegría de Leer, escrita en 1930 por Evangelista Quintana fue “el libro colombiano más vendido antes de las obras de García Márquez” (Melo).
Según la observación de Jorge Orlando Melo, esta última desplazó a los textos antes utilizados pues “era en muchos sentidos novedosa y original, y se adaptaba al espíritu de modernización que se imponía en el país”. De  otra parte “incorporaba contenidos que, aunque convencionales y alejados de todo partidismo, reflejaban una nueva visión de la escuela y del país (…).Un buen ejemplo de los valores que trataba de señalar es el del gobierno escolar, elegido por los alumnos, como escuela de democracia y de respeto a las ideas del otro” (1).
En realidad con pocos útiles y una cartilla, los estudiantes de aquellos años quedaron marcados con frases memorables como: “quiero que me diga, ¿el gato come queso? ” o “Polita, no vote el apio ni el poleo”. Hoy, ¿sería acertado decir que: “Jenaro no tuvo ‘tableta’, pero tuvo buena letra” ?
Elizabeth Saravia Ríos
1. Jorge Orlando Melo  en Revista Credencial Historia. (Bogotá – Colombia). Febrero 1999. No. 110