Transporte Público: Lugar Común de Muchos Males

tranvía bogotaResuenan por estos días las oleadas de protestas debido a las graves deficiencias del sistema Transmilenio en Bogotá. Si se da un vistazo a la historia del transporte en la ciudad, desafortunadamente se puede afirmar que en este caso “la historia se repite”. Para la muestra el tranvía bogotano que con su inauguración en 1884, trajo optimismo respecto al desarrollo de la ciudad, pero que con el tiempo se diluyó por la multiplicidad de fallas.

 Su primera ruta, construida con rieles de madera revestidos con sunchos, cuando todavía se consideraba que la capital llegaba hasta la calle 26, cubría el trayecto Bogotá – Chapinero. El pasaje tenía un costo de diez centavos y la capacidad era para 20 pasajeros sentados y el resto de pie sobre los estribos. El tranvía era tirado por mulas. Pronto surgieron varias deficiencias: la ruta que salía desde San Francisco hasta la 26, para luego tomar la actual carrera 13 y llegar a Chapinero “debía hacerse en media hora, pero normalmente duraba dos horas, a causa de los diversos contratiempos como el descarrilamiento de los carros, el mal estado de las calles, (…) o la obstinación de las mulas que (…) se negaban a proseguir el camino” (1).

Si bien, como anota Alfredo Iriarte, se procedió al cambio de los primitivos rieles de madera por unos de acero para evitar los descarrilamientos, se reclamaron nuevas líneas y no faltaron las quejas publicadas en la prensa sobre las incomodidades sufridas por los usuarios, como soportar los canastos llenos de víveres que llevaban las domésticas, el humo apestoso de los tabacos, el sobrecupo y la lluvia que se colaba dentro de los carros (2).

A pesar de las fallas el tranvía continuó, sobreviviendo al boicot de 1910, cuando por presión de la ciudadanía pasó de manos de la empresa norteamericana que lo administraba a su antojo, a la autoridad municipal. Incluso, siendo ya eléctrico, sobrevivió a los desmanes del 9 de abril hasta que el alcalde Fernando Mazuera lo canceló en 1951. Orgulloso de ese “acto dictatorial” como él mismo lo calificó, declaró: “¿Qué tal hoy la ciudad de Bogotá con las calles llenas de tranvías incómodos, bulliciosos y ya fuera de uso en el resto del mundo?” (3).

 
Elizabeth Saravia Ríos
 
1. Sierra, Martha. Del Tranvía al Transmilenio.Publicado por blaavirtual.
2. Iriarte, Alfredo. Breve Historia de Bogotá. Bogotá: Oveja Negra, 1988.
3. Mazuera, Fernando. Cuento mi vida. Bogotá: Antares, 1972.