¿Revitalización del Centro?

Plaza bolívar con logo reducida 70En las primeras décadas del siglo XX aún se hablaba de “ir a Bogotà” cuando los habitantes de los municipios cercanos como Usaquén, Suba, Soacha e incluso de Chapinero, debían ir a lo que hoy conocemos como el centro histórico de la ciudad. Aquella designación verbal encuentra su lógica en la carga histórica, pues el centro de hoy no sólo fue la capital del virreinato del Nuevo Reino de Granada y luego la capital de la Gran Colombia deseada por Bolívar, sino que sus límites geográficos trazados desde la colonia sólo comenzaron a ser superados una vez finalizado el siglo XIX.  Dicha demarcación iba de lo que hoy es  la calle 1ª hasta la calle 26 al norte y, de las faldas de Monserrate y Guadalupe al oriente hasta la carrera 14 al occidente. Paradógicamente, dentro de este perímetro urbano  la población se quintuplicó a lo largo del siglo XIX, como  lo señala Alfredo Iriarte (1).

Debido a estos procesos contamos hoy con dos características primordiales del centro de Bogotá. La primera se refiere al hecho físico, su trazado en cuadrícula, sus casas, sus edificios, sus monumentos. Son testimonios arquitectónicos que pueden ser leìdos como palimpsestos, es decir, como textos que representan una  época, por ejemplo la colonial, sobre los cuáles luego se superpone la expresión republicana. O vistos como el testimonio de una postura, verbigracia el edificio Murillo Toro, cuyo emplazamiento significó el arrasamiento del convento de Santo Domingo, considerado un estorbo para el “progreso” de la ciudad en 1947. El otro rasgo importante se refiere a su población. Antes de la llegada de Gonzalo Jiménez de Quesada, Santafé de Bogotá ya estaba habitada por los muiscas y desde su misma fundación se inició la interacción entre diferentes grupos sociales, oficios y profesiones; rasgo que sigue predominando en el presente.
Estas dos características, fueron mencionadas como fundamentales el pasado 27 de noviembre cuando se hizo el lanzamiento del “Plan de Revitalización del Centro Tradicional de Bogotá” de la Alcaldìa, en el ámbito del seminario internacional sobre intervención urbana en centros tradicionales. El Plan se planteó con el objeto de “generar desarrollo de manera participativa” y se definió como” una herramienta para la protección, desarrollo y sostenibilidad del patrimonio cultural”. A su vez los especialistas plantearon sus conceptos: “no se trata de renovación pura, ni de conservación a ultranza; se tiene que mirar de manera cuidadosa el tejido patrimonial” (María Eugenia Martínez). “Existe una difícil relación entre el pasado y el presente;  resulta clave definir los límites aceptables del cambio y para ello preguntarse qué es lo que se quiere proteger” (José Luis Lalana). “En el caso de los ‘pueblos mágicos’ de México, se reprodujo lo peor de los países centrales: inversión en fachadas y promoción turística, dando como resultado ciudades congeladas en el tiempo” (María Teresa Duarte).
Este plan es de largo aliento, de 10 a 15 años para su ejecución y pasará por tanto por varias administraciones. Tiempo suficiente para estar atentos y observar si esos “límites aceptables del cambio” no borran el pasado y a la vez permiten la entrada de un presente sostenible.
Elizabeth Saravia Ríos.
(1) Iriarte Alfredo. Breve Historia de Bogotá. Bogotá:1998.